Quiero compartir con ustedes este texto de Florence Thomas, una feminista radical. El texto está relacionado con la violencia hacia las mujeres, no sólo en Colombia sino en todo el mundo, espero que les guste tanto como a mí.

Un saludo

Elsy

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Faltan intensos cambios culturales y desmontar mitos.

Con toda seguridad mientras escribo esta columna, en Colombia una mujer -o tal vez dos, tres o más- es violada, varios niños y niñas son golpeados o maltratados, múltiples adolescentes son víctimas de abuso sexual, varias otras mujeres son infectadas por el VIH/sida y probablemente ocurre un feminicidio, es decir, una mujer es asesinada por un hombre que decía amarla. Y hoy tengo que borrar de mi vocabulario la palabra "probablemente", pues nos están llegando datos espeluznantes de Medellín donde fueron asesinadas 18 mujeres en menos de un mes, tal vez por el simple hecho de haber nacido mujer.

Estas violencias sexuales y de género, específicamente en contra de las mujeres y de las niñas, representan, en palabras de Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas, las violencias más intolerables y odiosas de todas. En Colombia, tanto por el conflicto armado como por estas violencias menos visibles, pues se desarrollan la mayoría de ellas en el patio de atrás, es más urgente que nunca hacer presentes estos datos y reflexionar sobre su significado.

Por eso se ha vuelto tan emblemática la fecha del 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencias contra las Mujeres, que se conmemoró hace tres días y se prolonga en gran parte del mundo por 15 días. Una conmemoración que nos permite recordar, conocer las estadísticas existentes, debatir, denunciar sin cansancio y ojalá buscar soluciones para esta pandemia que parece imparable. Una pandemia que existe en países ricos y pobres: en Francia, según datos recientes, cada tres días una mujer muere bajo los golpes de un hombre, en general de un hombre conocido de ellas: antiguo novio, ex marido o amante celoso, entre otros. Igual en España, en Colombia o en México. En E.U., cada día, 500 mujeres son violadas. Y no me refiero a países islámicos, me refiero a democracias que se tildan de modernas. Países que, además, reconocen todos que las cifras son subestimadas.

En Colombia, apenas 15 por ciento de las violencias domésticas y sexuales se denuncian. Hace 40 años, cuando llegué a este país, no existía ningún dato, ninguna cifra que diera cuenta de las violencias contra las mujeres; es más, este concepto no existía como delito. Hoy, gracias al trabajo incansable de las organizaciones de mujeres y de las feministas, las mujeres, a medida que se empoderan en derechos, aprenden a denunciar tales violencias. También por la persistencia de las organizaciones de mujeres se han ratificado compromisos internacionales adquiridos por Colombia desde la década de los 80, y existen algunos desarrollos legislativos, aun cuando siguen siendo demasiado tímidos o frenados en las instancias gubernamentales.

Ahora bien, para cumplir y consolidar las normas que avanzan hacia la erradicación de las violencias contra las mujeres se requieren intensos cambios culturales, pues estas violencias están profundamente arraigadas en las relaciones de poder entre hombres y mujeres que, desde hace siglos, se ejercen específicamente sobre el cuerpo de estas, ese cuerpo femenino que ha representado el lugar por excelencia del ejercicio patriarcal del poder.

Las soluciones exigen, por tanto, un constante trabajo para desmontar viejos mitos y estereotipos que siguen haciendo creer que las mujeres son apropiables en cuanto objeto de consumo y que sus cuerpos representan lugares de dominio y poder. Es necesario y urgente también -como busca el proyecto de ley que cursa en el Senado- plantear sanciones adecuadas para los culpables, disminuir los niveles de impunidad, capacitar a los estamentos judiciales, prestar atención a las víctimas y poner en obra todo lo posible para prevenir y reducir la magnitud de estas violencias intolerables en estos albores del siglo XXI.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

Florence Thomas

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3834688.html