Interesada como estoy en vivir de manera consecuente, compré varios libros sobre la vejez, que, al parecer, no debe empezar a preocupar a los cuarenta sino a los cincuenta; la crisis de los cuarenta parece susto de adolescente comparada con las demás. Me asombra que casi no se encuentren libros relacionados con este tema -de los últimos años- que no tengan un claro perfil de libro de autosuperación. El primero es de un autor alemán y parte de que la guerra del fin del mundo no estará relacionada con fanatismos religiosos sino que se librará entre una legión de ancianos del primer mundo con una mayoría muy joven de muchachos del tercero. Gracias a la higiene, los avances en medicina, cirujía, el rejuvenecimiento vaginal, el viagra y el deseo de vivir la vida intensamente sin pensar en la aburridora reproducción, los cuarenta se convertirán en una nueva adolesencia porque la promesa de vida para el 2050 es de 100 años. Las mayorías no serán jóvenes sino viejos y la moda será impuesta y pensada para la gente mayor de cuarenta. Hombres y mujeres querrán vivir la vida pensando siempre en el futuro, los abuelitos serán los hackers más peligrosos y no necesitarán piernas fuertes y huesos sanos para sentirse plenos frente a la pantalla. Deberían hacer un comedia gringa basada en estas predicciones.
En el segundo libro, de un autor español, se parte del presupuesto de que España es uno de los países más civilizados de Europa y de que el tercer mundo no tiene la más remota posibilidad de vivir las delicias del primero. Asegura que las mujeres del tercer mundo son mujeres mutiladas con consentimento propio porque el placer sexual debe ser esclusivamente masculino. El libro es desconsolador, el autor escribe para mujeres entre cincuenta y cincuenta y cinco años, supone que todas son casadas, con veinte nietos, amas de casa, feas, con esposos que tienen amantes y además de todas estas desgracias, se deprimen mucho porque se sienten viejas y aisladas. Al querer subrayar todo el tiempo la imagen de España y la mujer española lo que deja ver es sus propias ideas sobre lo que él, como hombre, espera de las mujeres.

