Hay profesores universitarios muy feos, muy viejos, muy gordos, muy calvos, con lunares con pelos muy feos en la cara que encuentran en los salones de clase de cualquier universidad el espacio ideal para seleccionar a las hembras jóvenes para aparearse. Las mujeres se enamoran de los hombres poderosos, de los machos que sustentan el conocimiento, de los hombres que gozan del poder de la palabra. Lo que me cuesta trabajo entender es qué relación hay entre un buen amante y un profesor universitario, más si es un hombre muy feo. ¿Será que el semen tiene alguna relación con el coeficiente intelectual, las estudiantes que se entregan a estas pasiones quieren quedar embarazadas de sus profesores con la ilusión de ser madre y esposa de un Genio?

Una pregunta frecuente entre colegas es: ¿se acuesta con los estudiantes? Yo siempre respondo: "no ¿Usted?" En tres ocasiones me han respondido sí y sólo he preguntado en tres ocasiones.

Respuesta del profesor 1: Me cansé de acostarme con esas perras.

Respuesta del profesor 2: Me gustan las que usan pearcing.

Respuesta del profesor 3: La única posibilidad que tengo de acceso a las mujeres es en la universidad (este es el profesor del lunarcito).

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En una reunión etílica, espacios en los que también se construye Academia, uno de mis hermanos conversaba seriamente con uno de sus más ilustres profesores. El Maestro narró, entre otras, la siguiente anécdota: le hizo la paja rusa a la chiquiporno, una de sus discípulas.

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